Del tormento a la euforia en 24 horas. Soy la misma persona un domingo que un lunes, aunque no te lo creas. Dudo de todo. Fatalizo las situaciones. Vivo y siento las cosas son una intensidad que podría mover montañas. No conozco término medio. Llevo las emociones a extremos, puedo amarlo como loca, o sentir total indiferencia hacia otras personas. Cuando no puedo más, huyo. No aguanto mucho tiempo triste. Necesito sonreír, amarle, sentirme viva, pletórica. Lo que se conoce como felicidad en estado puro.

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